A mediados del 2020, casi 900 millones de niños en el mundo siguen sin asistir a la escuela.

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Lograr que los niños vuelvan a la escuela: “Tenemos prisa”

“¡Teníamos prisa!” Eso es lo que dijo recientemente Jerrick Mortensen, un líder del sector educativo en Dinamarca, en ocasión de un evento organizado por UNICEF, UNESCO y el Banco Mundial. Las autoridades danesas tenían prisa por reabrir las escuelas incluso en mayo. “Asistir a la escuela es fundamental para los niños más vulnerables”, subrayó Mortensen.

En todo el mundo, una medida crítica que se tomó de manera rápida para luchar contra la pandemia de COVID-19 fue cerrar las escuelas. Cerrarlas fue sencillo . Sin embargo, como el mundo ha descubierto, el proceso de reapertura de las escuelas es difícil. Sin embargo, la frase “tenemos prisa” revela un encomiable sentido de urgencia.

¿Por qué la urgencia? Para hacer frente al cierre de escuelas, la mayoría de los países se apresuraron a implementar planes de aprendizaje a distancia. Por lo general, se trata de programas multiplataforma que combinan material en línea, televisión, radio y material impreso . Sin embargo, aunque el aprendizaje a distancia puede ser un gran complemento de la educación presencial, no es un sustituto. Como resultado, la pobreza de aprendizajes – no poder leer y comprender un texto sencillo a la edad de 10 años – podría aumentar en los países de ingresos bajos y medianos desde la proporción anterior a la pandemia de 53% hasta un récord del 68%. A menos que hagamos más.

Incluso los niños con mayores recursos que podrían estar teniendo una mejor experiencia de aprendizaje a distancia , siendo capaces de avanzar en sus habilidades académicas e incluso aprender algunas habilidades socio-emocionales, están perdiendo otros elementos de la experiencia social que ofrece la educación en la escuela.

Pero son los millones de niños de entornos más desfavorecidos los que están sufriendo una experiencia de aprendizaje más deficiente: sus entornos domésticos pueden no ser propicios para el aprendizaje, y pueden no tener un dispositivo o conexión a Internet, o incluso no contar con ningún material de lectura. Muchos más podrían sufrir de estrés y problemas de salud mental, en particular si los padres no tienen las aptitudes o el espacio mental durante una crisis económica para proporcionar un entorno de apoyo para el aprendizaje. Muchos terminarán abandonando el sistema por completo (7 a 10 millones, según estimaciones del Banco Mundial). Los niños con discapacidades tienen aún más dificultades para acceder a los servicios que necesitan. Y otros pueden sufrir diversas formas de abuso.

Ya vivíamos en un mundo donde la desigualdad de oportunidades era intolerable. Las escuelas siempre han desempeñado un papel importante en la reducción de la desigualdad de oportunidades, dando a todos, incluidos a los de menores recursos económicos, un espacio para el aprendizaje. Para muchos, esos espacios ya han desaparecido, y el impacto desigual de la pandemia es potencialmente muy grande. A mediados del 2020, casi 900 millones de niños siguen sin asistir a la escuela. El objetivo de los cierres es proteger su salud, proteger la salud de sus familiares y maestros de la pandemia; pero el costo en términos del futuro de muchos de esos niños es extremadamente alto y el precio que se está pagando en términos de una mayor desigualdad en nuestras sociedades es enorme. ¿Se puede encontrar un equilibrio?

Vivimos en tiempos extraordinarios en los que la única certeza es la incertidumbre. A medida que pasa el tiempo, algunos sistemas escolares se abren con éxito, otros con más ansiedad y confusión. Los países en los que la pandemia no parece estar controlada todavía están luchando para decidir si la situación es lo suficientemente segura como para regresar, y tendrán que afrontar un período prolongado de escenarios desconocidos con probabilidades desconocidas, sobre todo porque todavía faltan varios meses para que se disponga de una vacuna que pueda ser ampliamente distribuida.

No obstante, es esencial compartir el sentido de urgencia del Sr. Mortensen: la urgencia de definir un camino flexible y adaptable para volver a una experiencia educativa más rica, y de volver a poner el aprendizaje en la escuela en la vida de todos los estudiantes.

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Retornar a las escuelas con seguridad debe ser una prioridad urgente para todas las naciones. En muchos casos, los altos niveles de transmisión del virus a nivel de la comunidad hacen que la reapertura sea todavía imposible. Pero los sistemas deben estar preparados para un cauteloso retorno a las escuelas tan pronto como las condiciones sanitarias lo permitan. La preparación es clave porque el regreso será – y en algunos casos ya lo es – bastante complejo.

Si las tasas de transmisión del virus a nivel local bajan a niveles manejables, las escuelas y las comunidades deben estar preparadas para aplicar prácticas de higiene estrictas y otras medidas de control de la transmisión – distanciamiento físico, entre otras – con el fin de que los niños vuelvan a la escuela. Lo ideal es que las autoridades hagan pruebas, rastreen y aíslen a cualquier persona que caiga enferma, y que las escuelas estén preparadas para volver a la enseñanza a distancia si los casos de COVID-19 vuelven a aumentar.

La decisión de reabrir las escuelas es una combinación de una cuestión de salud pública / ciencia, que debe ser equilibrada con la urgente necesidad de traer de vuelta a los niños. Las escuelas podrían abrir sólo en algunas áreas, de forma escalonada, algunos grados a la vez, o sólo unos pocos días a la semana o unas pocas horas al día, y en aulas de menor tamaño (como ya están haciendo algunos países). No todos los profesores necesitarían trabajar de forma presencial.

En otros casos, si las tasas de transmisión al nivel de la comunidad no están disminuyendo todavía, es conveniente diseñar procesos de aprendizaje alternativos, creativos y pragmáticos:

En primer lugar, es útil simplificar pragmáticamente el currículo o el plan de estudios y definir un conjunto mínimo de competencias esenciales que se pueden esperar razonablemente desarrollar en los estudiantes para este año y el próximo. Las competencias fundamentales y el apoyo socioemocional podrían ser las prioridades, y la programación de aprendizaje online, en televisión y radio deberían apoyar ese plan de estudios simplificado. El calendario escolar podría ajustarse creativamente, el año escolar 2020 podría extenderse, el año escolar 2021 podría comprimirse, y los períodos de vacaciones ajustarse, con el fin de cubrir un plan de estudios esencial dentro de cada año.

En segundo lugar, los maestros necesitan apoyo para seguir adaptándose a la enseñanza remota y seguir desarrollando formas de mantener la comunicación y la capacidad de entrenar a los estudiantes en su proceso de aprendizaje, así como encontrar formas de evaluar a distancia cuánto se está aprendiendo.

Tercero, el entorno del hogar es tan importante como siempre. De ahí que también lo sean las políticas destinadas a mejorar drásticamente las condiciones del hogar, como la ampliación de la conectividad digital, la facilitación de un acceso más barato -o gratuito- a la Internet con fines educativos, la ampliación del uso y la disponibilidad de recursos tecnológicos y el suministro de material didáctico impreso en el hogar. En general, el entorno del hogar es extremadamente desigual, por lo que es esencial invertir en la mejora de las oportunidades de los más pobres.

En cuarto lugar, se necesita un apoyo continuo e intensivo para empoderar a los padres y cuidadores de modo que puedan proporcionar un entorno seguro y propicio para el aprendizaje para sus hijos.

Se trata de un complejo desafío de gestión que requiere mucha creatividad, planificación y recursos. Afortunadamente, muchas de las inversiones necesarias para manejar esta situación ayudarán a construir muchos de los rasgos que serán críticos para las escuelas del mañana. La educación necesita ser más resiliente (Capaz de superar y avanzar), proporcionando una continuidad de la experiencia educativa entre la escuela y el hogar. Por lo tanto, invertir en mejorar el entorno del hogar y proporcionar más apoyo a los padres es fundamental para el futuro. Invertir en tecnología en la escuela y apoyar una mejor conectividad en el hogar hará que el trabajo del maestro sea más eficaz. Invertir en los maestros, apoyándolos para que se conviertan en instructores de aprendizaje y desarrollen sus habilidades digitales, es una oportunidad. Estas inversiones pueden traer el futuro al presente.

Cada país está definiendo su propio camino. Los países deben estar preparados para gestionar la incertidumbre. En algunos casos, esto significará volver a las aulas en determinadas condiciones y, cuando esto no sea posible, mejorar en la medida de lo posible las condiciones de aprendizaje a distancia.

El objetivo es no “perder” una generación de estudiantes y evitar que los ya intolerables niveles de desigualdad se incrementen aún más..

Fuente: blogs.worldbank
Por Jaime Saavedra
Director Global de Educación, Banco Mundial

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