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Control de calidad de alianzas electorales

stamos a pocos días que se cierre el plazo electoral para la inscripción de alianzas partidarias y el asunto está pasando desapercibido entre los ciudadanos. Considero que ello es equivocado.

Si se pregona institucionalidad no se puede ir en vientres de alquiler. Estamos a pocos días que se cierre el plazo electoral para la inscripción de alianzas partidarias y el asunto está pasando desapercibido entre los ciudadanos. Considero que ello es equivocado. La ciudadanía y los medios de comunicación deberían ser más enfáticos en estas alianzas políticas, poner los reflectores sobre las negociaciones en curso. La razón es sencilla. Abarca desde el hecho que una alianza partidaria en nuestro país no es política (programática, ideológica o de gobierno) sino que fundamentalmente se utiliza para la supervivencia de pequeños partidos, desfasados, sin representatividad o que simplemente sirven como vientres de alquiler a otras agrupaciones o para garantizar la vida política de algunos de sus integrantes.

Si hay un deterioro de la política en el Perú, esta también tiene entre sus causas a este tipo de alianzas partidarias que, como he señalado, son simplemente electorales y tienen como objetivo principal lograr que no desaparezca el partido y colocar unos cuantos parlamentarios en el Congreso. No sirven para nada más, salvo para contribuir a la debilidad del sistema político. Es por ello que se debe estar atento a ellas.

Los partidos que están en mejor posición sufren el acoso de los partidos, digamos pequeños o con menor intención de voto. Caen en la tentación de la alianza por la sencilla razón de creer que el partido minúsculo les va incrementar el número de votos. Si revisamos las estadísticas anteriores vemos que esta lógica no es real. Las alianzas políticas obtienen un porcentaje de votos similar al que obtendrían los partidos de ir solos en la contienda. Esto es así por el papel que juega el caudillo o candidato presidencial. Con o sin alianza, el porcentaje de votos a obtener por el partido, de ir sólo, sería muy similar.

Las alianzas políticas también sirven para que los candidatos con mayor percepción de honestidad sirvan de fachada a los candidatos pícaros, esos que son devotos del lema “no importa que robe pero que haga obra”. Esta es una temporada típica para que se realice este tipo de acciones que le quitan esencia al candidato honesto, lo convierten en personaje contradictorio y, lo peor de todo, en cómplice de un partido caracterizado por estar ligado a hechos incorrectos o de corrupción.

La propuesta de reforma política de los entes electorales y organismos de la sociedad civil, aunque desordenada, trató de mejorar esta situación a través del incremento del porcentaje necesario para sortear la valla electoral. Lamentablemente no tuvo éxito. Corresponde entonces que sea la ciudadanía la que realice un control de calidad de este tipo de alianzas. Si un candidato pregona honestidad no puede ir al lado de corruptos. Si un candidato pregona institucionalidad no puede ir con vientres de alquiler. Si un candidato clama por orden político no puede ir al lado de partidos caracterizados por su caudillismo enfermizo. Lo señalo nuevamente: esta es una buena oportunidad para hacer un control de calidad de las alianzas y así, por extensión, mejorar la calidad de nuestra política.

Por Juan Sheput