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Cañete: Centrales termoeléctricas borraron el encanto de Chilca

En un mundo tan diverso como éste, son válidas todas las interpretaciones, pero en Chilca las consecuencias de las miradas distintas pueden ser letales.

termoeléctricas  ChilcaPor Patricia Wiesse / Gerardo Saravia

El pueblo de Chilca, forjado a orillas del mar y en medio de tres lagunas mágicas, era un lugar apacible. A media hora de Lima, fue un distrito que tenía de todo para ser un interesante destino turístico: Chilca destila historia, salud y platillos voladores. Era un hermoso balneario que solía visitar gente de diferentes partes del mundo.

Ya fue. Ahora es un pueblo al costado de varias termoeléctricas.

No todos ven a Chilca con los mismos ojos. «Todo es según el color del cristal con que se mira», dice una antigua frase y canción. Donde sus pobladores ven mar, otros ven gas; donde los arqueólogos valoran restos de una cultura milenaria, otros valorizan el metro cuadrado del desierto. Las lagunas, curativas para algunos, no son más que es agua con barro para otros.

En un mundo tan diverso como éste, son válidas todas las interpretaciones, pero en Chilca las consecuencias de las miradas distintas pueden ser letales. A la empresa Fénix Power no se le ocurrió mejor lugar para establecer su central termoeléctrica que a orillas del mar. Donde hubo un concurrido balneario ahora se yergue una gigantesca planta de gas. La primera infracción de la empresa es contra los ojos.

Pero Fénix Power no solo atenta contra la belleza paisajística: su establecimiento en Chilca tiene una serie de cuestionamientos que una parte importante de sus pobladores no se cansa de advertir.

La relación entre Chilca y el gas se remonta a ocho años atrás. A partir del 2005, el gobierno ha venido otorgando una serie de autorizaciones de estudios, concesiones y certificaciones ambientales a diversas empresas para la construcción de termoeléctricas en Chilca, algunas de ellas con ínfimos patrimonios, ninguna experiencia en generación de energía termoeléctrica y serias limitaciones técnicas para cumplir con los términos de las concesiones. Algunas licencias fueron canceladas; otras no.

A pesar de sus quejas, los pobladores se han resignado a convivir con las termoeléctricas del otro lado de la carretera, pero no están dispuestos a tolerar la planta que ha originado el cierre de la playa Yaya este último verano.

De acuerdo con las normas vigentes, una planta de gas como la que construye Fénix Power debe instalarse en un área en la cual no habite gente en un kilómetro a la redonda. Sin embargo, a pocos metros de la edificación, en la playa Yaya están las casas y los negocios.

La Municipalidad de Cañete se opuso desde el inicio al funcionamiento del proyecto en la playa, porque atentaba contra la zonificación. Desde el año 1995 está vigente una ordenanza de zonificación emitida por la Municipalidad de Cañete. A pesar de ello, la Municipalidad Distrital les dio el permiso. Javier Alvarado, el entonces alcalde provincial de Cañete, se plantó y fueron a litigio. Ahora que vemos la planta de gas viva y coleteando, sabemos que ni la ley, ni la razón ni el sentido común pudieron imponerse. (Actualmente el ex alcalde de Cañete es Presidente Regional y ya no habla del tema.)

Las razones de la buena disposición de la municipalidad distrital para cambiar la zonificación de la playa puede estar en el convenio que realizó con la Empresa EG Chilca (a quien Fenix Power le tomó la posta del mismo proyecto) mediante el cual la empresa le dio 400,000 soles a la municipalidad para que realice una serie de obras de infraestructura, a cuenta de sus futuras obligaciones tributarias. ¿Se debe aceptar este tipo de “adelantos” a una empresa a la cual se pretende fiscalizar?

Pero no solo es responsabilidad de las autoridades locales. Las empresas de gas encontraron a un Estado con las puertas abiertas de par en par. No debe dejarse de lado que la empresa EG Chilca fue el tercer financista de la campaña municipal de Perú Posible en el año 2006.

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