En Caraz hay una imponente imagen articulable de Cristo en la Cruz

Otra de las joyas del catolicismo de Caraz, es una astilla del madero de la Cruz, que se guarda en una custodia dorada que sólo se exhibe el Viernes Santo.

CarazEn todas las iglesias que he podido visitar a lo largo de mi vida, he tratado de ubicar una imagen de Cristo crucificado como la que hay en Caraz, “La Perla del Callejón de Huaylas”, capital de la provincia de Huaylas del Dpto de Áncash. Francamente no hay.

Esta imagen es articulable y de estar con los brazos extendidos en la Cruz, luego del Sermón de las 3 horas del Viernes Santo, es cuidadosamente bajada y colocada dentro de la urna del Santo Sepulcro, momento en el cual los brazos se pegan al cuerpo y quedan perfectamente acomodados en la posición del cadáver de un hombre.

Todo en esa imagen concuerda con la representación exacta de Jesús muerto en la Cruz: las heridas de las rodillas producidas por las caídas camino al Gólgota, las marcas de la flagelación en el palacio de Pilatos, la herida del costado derecho, las perforaciones de las manos y los pies y el gesto de sereno dolor de su impactante rostro sindónico.

Esta imagen de Cristo, recuerdo que se guardaba en la sacristía de la capilla de la Virgen de Chiquinquirá y que años después su lugar de reposo pasó a ser la Catedral de Piedra en la Plaza de Armas.

Otra de las joyas del catolicismo de Caraz, es una astilla del madero de la Cruz, que se guarda en una custodia dorada que sólo se exhibe el Viernes Santo. Recuerdo que alguna vez, en mi infancia, un sacerdote nos contó que esa astilla fue llevada por el Caballero de la Orden de la Vera Cruz, D´ Sousa, que residió en Caraz y que la obtuvo del madero que aún es guardado como reliquia de la cristiandad, por los frailes franciscanos del Monasterio de Santo Toribio, en el Valle de Liébana en Cantabria (España).

Eloy Ángeles Alegre