Populista Javier Alvarado es pura Facha, Pinta y Labia

Escribe: Néstor Roque Solís (*)

Javier Alvarado es un buen candidato, pero un mal político y gobernante. Para ser candidato tiene facha, pinta y labia. Pero es un mal ejemplo como político y gobernante, porque el político debe tener decencia, principios y valores, y para ser gobernante tiene que ser un ciudadano que cultive conducta y compromiso social, acompañado de calidad humana y competitividad para lograr cambios y transformación, y ese perfil no lo tiene el populista Javier Alvarado.

En los últimos años a Javier Alvarado no se le conoce por sus obras, sino por sus andanzas millonarias de peculado y malversación en su paso en las municipalidades de Lunahuaná y Cañete, motivo por el cual debe recibir sentencia en los próximos meses. Hasta ahora le esta sacando la vuelta a la justicia con fiscales poco transparentes en el Ministerio Público de la provincia de Cañete y Huaura.

El populismo que esta generando Javier Alvarado en la región Lima es peligroso, es como una fiebre, y si la fiebre es síntoma de enfermedad, puede fácilmente poner en estado de coma al paciente regional, que requiere por estos tiempos de cuidados intensivos para salir de esta estafa política del inculpado Javier Alvarado González del Valle.

El populismo es sobre todo un fenómeno de transición, eruptivo y casi efímero de un caudillo que se desarrolla en el seno de una crisis de la democracia representativa y de un statu quo político-social insostenible para las mayorías. Se trata de una señal de alarma, de una advertencia ruidosa y demagógica que cultivamos por estos días en el gobierno regional.

El populismo no conduce necesariamente a un cambio sostenido de la estructura económica social, sino más bien es una efervescencia popular con algún grado emocional que lo anima un acontecimiento político-electoral en un determinado momento histórico de la sociedad.

PRESIDENTE-JAVIER-ALVARADO

El populismo está siempre encarnado por un hombre providencial carismático. Es probablemente allí donde encuentra plenamente su lugar el análisis psicológico. Al ser la energía contagiosa, el carisma desempeña un rol antidepresivo. Porque es el juego de la seducción, del contacto directo y caluroso, lo que permite movilizar y organizar a un pueblo resignado, pero enfurecido por no haber resuelto sus problemas.

El populista es un caudillo para dirigir a las masas con una ideología patriótica y/o totalizadora, y hacer imperar a la vez una disciplina férrea, en nombre del partido, de la raza o de un jefe mesiánico cuyo culto es la cima de jefe supremo en la jerarquía de mando. Estas doctrinas implican una teoría expansionista de sus ideas, y por añadidura trata de mantener una posición hegemónica y sin oposición en su entorno.

El populista no quieren militantes sino clientes y sirvientes. Mantienen una posición maquiavélica, el fin justica los medios, por eso despiden con facilidad a trabajadores para colocar a los suyos con facilidad. El populista busca más y más poder. Un populista nato es Javier Alvarado primero alcalde distrital, provincial y regional, ahora sueña con la Presidencia de la República con un partido político de mafiosos y corruptos comprobados.

El populismo está asociado a una situación de crisis de la sociedad y a la presencia de un síndrome de desencanto de los ciudadanos, que con la crisis de la democracia representativa y el lento proceso de cultivar una democracia más popular y más directa en la sociedad civil organizada es un caldo de cultivo relevante para estos populistas de las palabras, y los ofrecimientos fáciles como Javier Alvarado Presidente del Gobierno Regional de Lima.

El populista se aprovecha del pueblo y ciudadanos que muchas veces soportan en silencio las injusticias y la miseria. Hay en este llamado la invocación a las grandes acciones colectivas y a los valores compartidos. Allí reside su fuerza emocional y su componente racional que notamos con claridad en el populista Javier Alvarado en la región Lima.

El populista utiliza la fascinación y la seducción con palabras y comportamientos como calificaciones de hermano y encomendándose a Dios como lo hace Javier Alvarado en la región Lima alimentado su ego con doble discurso y mostrándose como el sabelotodo con el micro en mano en sus reuniones públicas.

Todo este fenómeno perverso de Javier Alvarado ya lo habíamos advertido en la campaña electoral, que el candidato del toro no contaba con plan de gobierno, había una ausencia de un programa definido o de una doctrina ideológica de bienestar para el desarrollo de la región Lima.

Por tanto, no nos resulta sorprendente lo que vemos después de un año y medio de gestión: el populismo y el doble discurso genera consecuencias nefastas en términos de gobernabilidad a la región Lima, del cual no solo es responsable Javier Alvarado sino todo su equipo de dirigentes de Patria Joven y de ahora Triunfa Perú que todo lo ven negocio y ganancia política y económica para sus bolsillos.

Todos los partidos populistas terminan saqueando los recursos del Estado, ejemplos tenemos varios en el Perú y en América Latina. Igual muchos de ellos terminan en la cárcel y otros escondidos en algún país amigo de sus fechorías, igual destino puede correr el populista y roba firmas de electores Javier Alvarado, su gerente regional Luis Fernández Estrella y su secretaria política Liliana Torres del partido Fracasa Perú.
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(*) Consultor