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Diario cañetano critica a líder político Ricardo Chavarría por llamar inca a Chuquimancu.

Diario cañetano critica a líder político Ricardo Chavarría por llamar inca a Chuquimancu.

 

El líder de Fuerza Regional Ricardo Chavarría al parecer desconocía los nombres de los personajes con quienes sale en la foto y en su cuenta de Facebook escribió el inca y ñusta generando malestar para los canetanos.

CAÑETE HOY: UN INCA??????? UNA ÑUSTA?????? eso es lo que pasa cuando un candidazo participa solo para la foto sin conocer la tierra que pisa….Ricardo Chavarria Oria, CHUQUIMANCU fue un lider autoctono de esta provincia que logro contener el avance y conquista de los incas desde el sur por cuatro años…. ojala podamos nosotros contener a los otros que vienen desde el otro lado a querer conquistar nuestros votos…

CHUQUIMANCU… VALIENTE GUERRERO QUE SE ENFRENTÓ A LAS HUESTES DE PACHACUTEC.
En este valle reinó Chuquimancu, un hombre que a decir del historiador Alejandro Manco Campos, habría vivido en los predios del valle de Mala, y desde sus dominios no dudó en imponer la costumbre a todos sus descendientes e incluso a los de de su comarca, que sólo debían casarse entre ellos con la finalidad de honrar con orgullo su sangre y perennizar los memorables apellidos Manco, Chumpitaz, Champac, Chauca, Huapaya, Conde, Cuya, y Caycho. Hoy, estos ilustres apellidos continúan con la sucesión de generaciones que se vacilan nuevas.

Eran aquellos tiempos del mayor apogeo incaico, el imperio gobernado por Pachacútec. Pero también eran aquellos tiempos en que las tierras del Huarcu (Antiguo nombre de Cañete) eran muy ricas y productivas, donde sus curtidos agricultores sólo utilizaban abono traídas de las islas del litoral. Cien años después (1550), el reputado cronista español Pedro Cieza de León en La Crónica General del Perú escribe en uno de sus párrafos, «Chuquimancu, cacique de estas tierras al sur de Lima, contemplaba en un cálido atardecer bandadas de avecillas que surcaban el horizonte marino, en busca de islas de reposo. Eran millares de pájaros que Chuquimancu conocía en su idioma quechua como pishkos».

Pero, ¿Qué significa Chuquimancu? Según los escritos del Inca Garcilaso de la Vega Chimpu Ocllo (1539-1616), «El Chuquimancu era un señor que se hacía llamar rey y presumía que todos los de su comarca le temiesen y reconociesen ventaja, y pretendía no perder reputación». Agrega que la palabra «Mancu» no tiene significado en Quechua, de modo que corresponde a la lengua Aymara que significa «El Señor de la Lanza» o «El Primer Lanza». En esta misma línea, el estudioso suizo Johann Jakob von Tschudi (1818-1889), afirma que «Chuqui» significa «Distinguido, Notable, Particular en su Clase». Pero también encontramos la versión del viajero y médico alemán Ernest W. Middendorf (1830-1909), quien asegura que debe decirse «Choke», palabra Aymara que significa «Oro».

Sólo se puede conocer al Chuquimancu a través de los cronistas de otros tiempos, desempolvando sus apuntes narran la vehemencia de este personaje, un señor de carácter dominante, de regular estatura, de piel trigueña, algo robusto y líder innato. Desarrolló una intensa campaña política y militar que extendió su territorio hasta la actual Pucusana al Norte, y al Sureste hasta Catahuasi. Además, el Chuquimancu contaba con un gran número de caciques menores o curacas de mitad, quienes le ayudaban en la administración de las tierras.

La vida del Chuquimancu (Gran Lanza) coincide con la memoria del poderoso Pachacútec (Transformador), quien encargó a su hijo Túpac Inca Yupanqui (Resplandor Luminoso Memorable), la conquista del Chinchaysuyo, los reinos de las tierras bajas frente al Pacífico, que por sus dotes de guerrero al más puro ejemplo expansionista de su padre se le ha llamado «El Alejandro Magno de América».

El cronista mestizo Inca Garcilaso de La Vega, dice que los incas al mando de Cápac Yupanqui, después de dominar a los «chinchas» pasaron a conquistar a los del Huarcu, Malla, Chillcca y Runahuanac, tierras del poderoso Chuquimancu que junto a más de veinte mil hombres, y que en una alianza con los caciques yungas tuvieron que soportar durante varios años la incesante invasión de las huestes del Inca. El curaca maleño se enfrentó hasta en los ríos y quebradas, combatiendo a tiro de piedras, y en otras luchando cuerpo a cuerpo que trajo como consecuencia la pérdida de muchas vidas humanas.

En otros textos del siglo pasado, se habla que al iniciarse el trance de terror, todos los reinos vecinos de entonces, se fueron agrupando en la necesidad de intercambiar productos y defenderse de los ataques del enemigo, y de esa manera se originó la Confederación del Huarcu cuyo líder era Chuquimancu; pero la gesta se proyectaba a un reino mucho mayor, tal como lo fue el Gran Chimú.

A decir de Pedro Cieza de León, narra que en los predios de «Runahuanac» o «Lunahuanay», los incas construyeron una fortaleza llamada Incahuasi, la cual se trata de una réplica del Cusco, y que le sirvió para reabastecer su poderío. De modo que la violencia era incontenible y sin perdón. Por su parte, el cronista Gracilaso de La Vega, escribe que el Chuquimancu «pretendía no perder su reputación y así ejercitaba todas sus fuerzas, con mañas y astucias, cuantas podía usar contra sus enemigos».

Una lucha sin cesar, en el que los incas empezaron a cortar sin piedad los canales de regadío de todo el valle, devastando al ejército del régulo Chuquimancu que empezó a retroceder a «Ungará», luego a «Canchari», a tal punto que pedían clemencia a su jefe y el suplicio de rendirse ante los incas, debido a que la situación era insoportable. Pero el reyezuelo se negó en todos los idiomas, y entonces muchos huyeron y otros volvieron a sus casas «llevando nuevas al Inca del estado en que se encontraban las fuerzas y poder de sus enemigos y como padecían mucha hambre». Se dice que los hombres del Chuquimancu fueron vencidos más por «el hambre que por las armas».

Es así como los incas empiezan a dominar el valle y obligaron la rendición de uno de los principales generales del cacique. La derrota era inminente para el Chuquimancu quien agotaba todas sus cartas de guerrero para evitar que deserten sus demás generales. Al final se quedó solo y abandonado, y decide entonces rendirse y someterse al imperio de los incas.

En este trance final de su vida, ni el dios Akat a quien tanto veneró con suma piedad le concedió el milagro de sobrevivir ante las fuerzas cusqueñas. Derrotado el Chuqumancu, vencida la Confederación del Huarcu, el inca Pachacútec ordenó destruir la ciudadela de Incahuasi, y dispuso la construcción de otra fortaleza en el cerro Centinela de Cerro Azul, que a decir de Pedro Cieza de León, el cerro estaba pintado de color verde claro, pero que, visto desde el mar, adquiría un color azulado, y por eso hoy lleva tan sugerente nombre. Así termina la historia del legendario Chuquimancu.

Después de la toma del valle se desató una gran represalia por haber demorado tanto la conquista, de manera que miles de prisioneros yungas fueron colgados de los árboles y sentenciados a la pena del Huarcu que en quechua derivaría del vocablo huarcona (ahorcadura) y huarcuy (ahorcar). Desde entonces, el valle tomó el nombre de Huarcu o valle del ahorcado, y sólo cambió con la llegada del Virrey Andrés Hurtado de Mendoza, Marqués de Cañete. Una dolorosa herida del ilustre pasado de Cañete.

EL DATO.- Según la Dra. María Rowstorwoski, la conquista del valle del “Guarco”, fue más por estratagema (engaño), utilizada hábilmente por las huestes de Pachacutec, que por la misma fuerza bélica.
Los “Guarcos”, ya al mando de Mama Huayta, hija de Chuquimanco, alistaba la gran ceremonia de paz con los incas, en el mar de Cerro Azul, dejando desguarnecidas.
Tarde fue la reacción de los “Guarcos” que en ningún momento se percataron que era un engaño, planificado por Túpac Inca Yupanqui, para arremeter con todo y someter a la antigua civilización de este valle.

Fuente: Punto de Encuentro