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Se hunde motononave en Río Amazonas con más de 200 pasajeros

Hasta el momento se registran dos pasajeros muertos, cuya identidad se desconoce, y varios desaparecidos, entre ellos niños.

Tragedia. Una antigua motonave con más de 200 pasajeros a bordo se hundió a las dos de esta madrugada en el río Amazonas cuando se dirigía hacia el caserío Santa Rosa, en el distrito de Indiana, en Iquitos. El hecho ocurrió cerca a la frontera con Colombia.

Hasta el momento se registran dos pasajeros muertos, cuya identidad se desconoce, y varios desaparecidos, entre ellos niños, según contaron algunos sobrevivientes a Radio Programas.

La motonave “Camila”, de la empresa Cosmos, permanece hundida hasta la mitad de su estructura, mientras la Capitanía de Puertos realiza labores de rescate y atención médica.

Según Héctor Freitas, una de las víctimas, en el segundo piso de la nave iban 150 pasajeros y en el tercer piso unas 100 personas. La cifra total de pasajeros se desconoce hasta el momento.

En entrevista con la emisora, el primer ministro Javier Velásquez Quesquén informó que se comunicó con la Marina de Guerra para que se encargue de remolcar la embarcación.

El almirante Rodolfo Reátegui de la Capitanía de Puertos de la zona informó que si bien la nave tenía sus documentos en regla, solo estaba autorizada para llevar 146 pasajeros a bordo; sin embargo, iba con más de 200. Hasta el momento se han rescatado a 110 sobrevivientes.

El funcionario aprovechó para denunciar que muchas de estas naves no solo llevan más pasajeros de lo permitido sino que aprovechan la oscuridad de la noche para transportar combustible de contrabando.

En el caso de la empresa Cosmos el funcionario dejó entrever que tenía un historial en estas malas prácticas.

Sobre la nacionalidad de los pasajeros dijo que entre ellos viajaban cuatro brasileños y un alemán.

Respecto a los patrullajes en la zona, Reátegui dijo que si bien estos son constantes, la labor de la Capitanía se dificulta por el difícil acceso en algunos ríos, sobre todo por las noches.

Fuente: El Comercio