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Tránsfugas: Mercenarios de la Política

El mercedario es un traidor que se vende por plata para servir a otro país con la clara intención de afectar a su nación. El mercenario es una actitud indecorosa del hombre, es una bajeza ciudadana. Igual es el tránsfuga político que se vende o se alquila a otro partido por un cargo o una candidatura en una campaña electoral.

En el Perú cualquier hijo de vecino puede ser candidato a alcalde, congresista o presidente del gobierno regional.
En nuestro país se exigen más requisitos para lograr una licencia de conducir de un vehículo, que para ser autoridad local o regional. Hoy en día el negocio más rentable es ingresar a la política, porque con la política se hacen lobbies, pactos y negociados arriba y abajo sin escrúpulos y recelos.

Nestor RoquePor eso concordamos con la Lourdes Flores, que en estas elecciones se debe diferenciar entre los decentes y corruptos. Los candidatos de uñas negras y los matones de la política lo debemos distinguir muy bien en las próximas elecciones. Hay que apostar por los candidatos que tengan la decencia, la honestidad y el compromiso de representar a los electores y ciudadanos.

Una clase dirigente que menosprecia a sus supuestos representados y se muestra cada vez más alejada de ellos provoca desconfianza entre los electores y alejamiento de las urnas.

Es necesario revalorizar el sufragio universal y la opinión ciudadana, mediante debates francos y abiertos sobre la realidad local y regional. La campaña electoral no puede descansar solo en el poder mediático, sino también en el acercamiento y socialización de las propuestas de desarrollo en temas educativos y de crecimiento y desarrollo económico y social en los territorios.

Existe un desfase creciente entre los ciudadanos y sus representantes. Las instancias intermedias (partidos, movimientos) y las instituciones que toman las decisiones ya no expresan la realidad del conjunto social. Evidentemente, la brecha que separa a los votantes de sus representantes no se colma invirtiendo la lógica mediante un simple “el pueblo siempre tiene razón”.

La mística del pueblo no tiene más sentido que la mística de la elite. En cambio, este desfasaje podría combatirse retornando a los fundamentos del ideal democrático, es decir, a la idea de comunidad política donde todos los miembros son iguales. Justamente el menosprecio a los votantes cuestiona este principio, insinuando que la expresión electoral no es el único método para elegir representantes y legitimar la decisión pública.

Si bien es evidente que ser competente constituye un elemento esencial de selección, no podría reemplazar la capacidad del funcionario electo para “representar” a sus mandantes. Ahora bien, la característica de la crisis que viven las democracias occidentales es que las elites políticas ya no actúan como emanaciones del electorado. Para ellas el pueblo son siempre los otros. Consideran saber, en nombre de sus competencias, cómo guiarlo lejos del “error fatal de las reivindicaciones imposibles”.

El concepto de pueblo, presente en la definición constitucional de democracia –gobierno del pueblo por el pueblo y para el pueblo–, encarnaba esa idea de espacio público de ciudadanos iguales que organizan su destino común. Más allá de las divergencias de opinión, es ese “querer vivir juntos” lo que legitima la autoridad de los dirigentes. Constituye la argamasa esencial de la democracia que ni las instituciones ni los procedimientos pueden reemplazar.

La crisis de la democracia representativa corre el riesgo de profundizarse, en la medida en que se multiplican los medios para eludir el sufragio universal, a veces so pretexto de acercar el poder a los ciudadanos. Existe una versión perversa de la consulta a la “sociedad civil” por parte de las instancias dirigentes, en particular en la región.

En apariencia democrática, esta práctica se convierte en fuente de manipulaciones en ausencia de una definición clara y firme de “sociedad civil”. Así es como pueden ser informados vía presupuestos participativos, rendición de cuentas, audiencias públicas y cabildos abiertos, estas consultas al final están parametrados y controlados por el poder político vigente.

La sociedad civil entendida como medio asociativo cumple una función democrática cuando suscita una reivindicación o atiende un problema social que los funcionarios electos no percibieron. Los que pretenden imponer su verdad, como en muchos documentos e informes en los gobiernos locales, sin preocuparse para nada de las reacciones que provocan o provocarán, dañan gravemente a la democracia. Es urgente la restauración de la democracia: rol central del sufragio universal directo, debate público libre y razonado.

En la región asistimos al ensanchamiento de una brecha entre el cuerpo de representantes y el cuerpo social, lo que crea una zona de incertidumbre para libertades ya debilitadas por la ofensiva política de los mercenarios de la política, que por ahora vemos en muchos candidatos tránsfugas que han tirado al cesto los grandes principios programáticos y éticos de hacer política y desarrollo humano en la región y en el país.

Un buen ejemplo de lo que decimos es el último Congreso Nacional del Partido Aprista Peruano (PAP), que se autodenominan organizados y disciplinados, donde las descalificaciones y las patadas por debajo de la mesa han estado presentes para elegir a sus dirigentes nacionales, con cero debates de bases programas y proyectos de desarrollo para el país. Si así se porta el partido de gobierno más disciplinado y organizada del país, ya se imagina usted amigo lector lo que sucede con la nominación de candidatos en otros Movimientos y partidos políticos en la región y en el país.

Por: Nestor Roque
(*) Presidente del Instituto de Gobernabilidad IGDC

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