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CHASKI: Solidaridad con Sandro Reyes

En un contexto democrático, periodistas y medios de comunicación han considerado un deber prioritario denunciar las violaciones a los derechos de la persona. A veces, lo pagaron muy caro.

La clase política y quienes ostentan el poder no aceptan opinión ni fiscalización de su comportamiento aunque cada día pongan en el despeñadero la democracia y la libertad de expresión. La política es digna, pero los políticos la mancillan con su actitud.

El equipo de el diario Chaski 2009 en premiación. en medio Sandro Reyes
El equipo de el diario Chaski 2009 en premiación. en medio Sandro Reyes

Como articulista del diario regional Chaski, donde frecuentemente se difunden mis artículos sin mordazas ni cortapisas, me solidarizo con nuestro director Sandro Reyes de cualquier amenaza venga de donde venga. Conozco la seriedad y responsabilidad del trabajo editorial que se realiza en Chaski.

No podemos permitir amenazas ni denuncias desde una candidatura del autodenominado «Padín», ni que se pretenda llevar a los tribunales a un colega periodista que solo ha cumplido con la crítica, función esencial de los medios de comunicación que consagran la Constitución y las leyes.

Si por críticas hay que llevar a los tribunales a los periodistas, los primeros que tendrían que desfilar por los pasillos de las Cortes Judiciales serían César Hildebrant y Enrique Zileri que critican sin pelos en la lengua a presidentes, congresistas y jueces por la corrupción y el desgobierno que toda la población conoce.

Nestor Roque

Los medios de comunicación fueron concebidos desde sus inicios como canales de la libertad de expresión contra los abusos del poder político y económico. Paro hay algunos mequetrefes que pretenden poner en jaque la libertad de expresión.

La prensa y los medios de comunicación son un recurso de los ciudadanos contra el abuso del poder. En efecto, los tres poderes tradicionales—legislativo, ejecutivo y judicial— pueden fallar, confundirse y cometer errores.

Mucho más frecuentemente, por supuesto, en los Estados autoritarios y dictatoriales—que quedan pocos— donde el poder político es el principal responsable de todas las violaciones a los derechos humanos y de todas las censuras contra las libertades.

En un contexto democrático, periodistas y medios de comunicación han considerado un deber prioritario denunciar las violaciones a los derechos de la persona. A veces, lo pagaron muy caro: cierre de televisoras, radiodifusoras, atentados, asesinatos, como aún ocurre en Colombia, Honduras, Guatemala y Perú.

Este cuarto poder se sustenta en el sentido cívico de los medios de comunicación y al coraje de los periodistas, aquel del que disponen los ciudadanos para criticar, rechazar o enfrentar decisiones ilegales que pudieran ser inicuas, injustas e incluso criminales. Es la voz de los sin voz.

La libertad de los medios de comunicación sólo es la extensión de la libertad colectiva de expresión, fundamento de la democracia. Como tal, no puede ser confiscada por quienes pretenden gobernar la región. Implica, por añadidura, una responsabilidad social y, en consecuencia, su ejercicio debe estar, en última instancia, bajo el control responsable de la sociedad.

Uno de los derechos más preciados del ser humano es el de comunicar libremente su pensamiento y sus opiniones. Ninguna ley puede restringir arbitrariamente la libertad de expresión.

Néstor Roque Solís (*)

Escritor y periodista afiliado a la ANP