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¿Cómo se elige presidente en Estados Unidos?

En EEUU, los partidos no eligen directamente a su candidato como ocurre en la mayoría de los países. El nombre se decide en primarias (votación directa y secreta) o caucus (reuniones en las que se decide un nombre sin que haya una votación).

Once meses de pugna para ser presidenteLa obsesión de los padres de la patria por que el proceso para elegir presidente fuera lo más abierto y democrático posible dejó en herencia una campaña electoral de 11 meses de duración. Una ‘maratón’ que comienza en el mes de enero y concluye el primer martes después del primer lunes del mes de noviembre, el día en que los estadounidenses -sólo los que se han registrado como votantes- están llamados a las urnas.

En EEUU, los partidos no eligen directamente a su candidato como ocurre en la mayoría de los países. El nombre se decide en primarias (votación directa y secreta) o caucus (reuniones en las que se decide un nombre sin que haya una votación). Tras estos encuentros, cada candidato anota en su lista un determinado número de delegados con cuyo apoyo contará en la convención nacional de su partido. Ahí, en las fiestas donde posiblemente se vean más banderas y confeti del mundo, se proclama el nombre del que será el representante de cada formación.

La persona que aspire a la presidencia reunirá, además de mucho dinero que gastar en la campaña, recaudado entre sus simpatizantes, unas características inexcusables: tiene que ser mayor de 35 años, ciudadano de EEUU, nacido en el país y que haya vivido allí durante, al menos, los últimos 14 años. Él será el encargado de nombrar al que se convertirá en vicepresidente en caso de victoria y que antes le acompañará en los carteles electorales.

Cuando las convenciones cierran sus puertas, se pone en marcha la campaña en sí. Debates televisivos sin espacio para la sorpresa y mítines llenos de consignas con la vista muy fija en los ‘estados clave’, aquellos cuyo apoyo a uno u otro candidato oscila en las encuestas. Algunos de ellos, como Florida, Ohio o Pensilvania, son además algunos de los más poblados y aportan un gran número de delegados al llamado Colegio Electoral, el órgano que definitivamente proclamará el nombre del vencedor dos meses después de celebrarse comicios.

Esta institución resulta muy llamativa para quien está acostumbrado a saber pocas horas después del cierre de los colegios electorales quién va a ser su próximo presidente. Los resultados en las elecciones estadounidenses se conocen estado por estado. Cada territorio, dependiendo de su población, aporta un determinado número de compromisarios al Colegio Electoral, delegados que -excepto los de Nebraska y Maine, que escogen proporcionalmente- votarán por el candidato que haya resultado vencedor en su estado. Este organismo está compuesto por 538 personas, el mismo número de diputados que integra el Congreso. El candidato ganador necesita al menos 270 votos para convertirse en presidente.

Que ocupe la Casa Blanca no le garantiza el control del Congreso, formado por la Cámara de Representantes y el Senado. Los 435 congresistas y un tercio de los 100 senadores son elegidos en otras elecciones -las legislativas- que se celebran cada dos años, también el primer martes después del primer lunes de noviembre. Unos comicios casi tan cruciales como los presidenciales, con los que coinciden cada cuatro años. Al respetarse escrupulosamente la separación de poderes, el ejecutivo no tiene ninguna influencia sobre el legislativo, que controla políticas tan importantes como la exterior o la económica. Además, es habitual que los diputados, que luchan individualmente por volver a ser elegidos, no tengan disciplina de partido y, por tanto, voten en contra de propuestas de su propia formación con las que no estén de acuerdo.

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