Cañete fue uno de los primeros puntos de encuentro entre Perú y Japón

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Perú y Japón conmemoran hoy 120 años del arribo de los primeros 790 inmigrantes japoneses a bordo del vapor Sakura Maru, que llegaron contratados para trabajar en las haciendas azucareras de la costa de nuestro país. Fue un 3 de abril de 1899.

La mayoría de inmigrantes eran agricultores que tenían por destino las grandes haciendas azucareras ubicadas en la costa peruana, una de las principales actividades económicas de la época. Desde Lambayeque hasta Cañete.

Desde esa fecha hasta 1923 arribaron al Perú 18,727 inmigrantes japoneses, traídos por distintas compañías contratistas con contratos por cuatro años.

Los inmigrantes japoneses que llegaron a trabajar en las haciendas azucareras con el correr de los años establecieron negocios o desempeñaron otros oficios. Uno de los casos más emblemáticos fue el de Nikumatsu Okada, quien llegó al Perú en 1899 a bordo del Sakura Maru, para trabajar en la hacienda Palpa. Luego se abrió camino hasta llegar a convertirse en el gran empresario que lideraría el yanaconaje en todo el valle de Chancay, al norte de Lima.

Entre 1923 y 1936 Okada fue arrendatario de seis haciendas: la Huaca, Caqui, Jesús del Valle, Miraflores, Jecuán y Laure, que en conjunto representaban unas 4,000 hectáreas, aproximadamente el 26 por ciento de las tierras cultivables de Chancay.

Además de sus actividades empresariales, Okada apoyó la construcción de locales, donó implementos para colegios e instituciones, y participó de las festividades tradicionales de la zona, como la fiesta de Nuestra Señora de las Mercedes. En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, integró la llamada “lista negra” de inmigrantes japoneses y fue deportado a un campo de concentración en Estados Unidos.

Presencia en Cañete

El primer punto de arribo del Sakura Maru fue el puerto del Callao y en su ruta en el mar peruano se detuvo en diversas ciudades, una de ellas fue Cerro Azul, ubicado en la provincia de Cañete.

El investigador Erick Sarmiento afirma que en Cerro Azul descendieron 226 inmigrantes japoneses (un monumento en el primer muelle recuerda ese acontecimiento). De este grupo, 176 hombres fueron a trabajar a la hacienda Santa Bárbara y 50 hombres a la hacienda Casa Blanca.

Cerro Azul (1913) fue uno de los puertos donde arribaron los migrantes japoneses.

El mayor porcentaje de hombres que llegaron procedentes de Japón se quedaron en Cañete. Sarmiento precisa que en el segundo grupo de migrantes llega el religioso Taian Ueno, quien en 1908 construye un templo japonés en la hacienda Santa Bárbara, que se ubicaba en el distrito de San Luis de Cañete. Este lugar funcionó también como escuela (siendo la primera escuela japonesa del país con nueve niños y un profesor).

Luego se crearon se crearían otras 49 escuelas ubicadas en Lima, Callao, Ica, Pisco, Jauja, Chiclayo, Chancay, Huaral, Chincha, Supe, Chimbote, Trujillo, Huacho, Huancayo, Arequipa y Puerto Maldonado.

El templo japonés se trasladó al mismo distrito de San Luis de Cañete, en la avenida 28 de julio en 1926.

Por esos años llega a Cañete el religioso Kenryu Sato quien en 1932 reunió los restos óseos de los japoneses (alrededor de 686), enterrados en las haciendas Santa Bárbara, Casablanca y La Quebrada, para trasladarlo a la falda del sitio arqueológico Cerro de Oro; donde construyó un cementerio que se mantiene hasta hoy.

En Cañete se estableció uno de los primeros cementerios de inmigrantes japoneses.

En la parte alta del cementerio se ubica un mausoleo con la inscripción (en japonés y castellano): “No olvides la tumba de tus ascendientes”.

En la actualidad el templo japonés denominado Jionji (se inaugura en 1977), se ubica en el distrito de San Vicente de Cañete; donde antes funcionaba la escuela japonesa (construido en 1933). Este recinto religioso se encuentra frente del santuario Madre del Amor Hermoso. En el templo Jionji se celebran hasta hoy ceremonias budistas: el Ohigan (en marzo) y el Obón (agosto).

Aporte de la comunidad nikkei

La comunidad nikkei (como se llama a los descendientes japoneses) en el Perú, suman actualmente alrededor de 100,000 personas y conforman una de las comunidades de japoneses y sus descendientes más numerosas en el mundo.

Desde el arribo de los primeros inmigrantes, son ya cinco generaciones las que conforman la comunidad nikkei y están presentes en Lima y en diversas regiones del país, principalmente en Piura, Lambayeque, La Libertad, Áncash, Ica, San Martín, Huánuco, Junín, Ucayali, Loreto, Madre de Dios y Cusco, donde existen asociaciones representativas.

En diferentes ciudades del Perú se establecieron sociedades de inmigrantes japoneses.

La Asociación Peruano-Japonesa revela que se estima que más de 30,000 nikkei peruanos viven en Japón, a donde llegaron desde fines de la década de 1980 con miras a encontrar un mejor futuro laboral. De ser dekasegi (trabajadores temporales) constituyen, luego de 30 años, una comunidad de migrantes en el país de sus ancestros.

Resalta, además, que los nikkei peruanos son un ejemplo de la diversidad cultural y étnica del Perú. Como parte de la multiculturalidad del Perú, el aporte de los nikkei está presente en diversas áreas: en las ciencias, la industria, el comercio, la literatura, el deporte, la música, el arte y la cultura.

ANDINA

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