La renuncia de Lay

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Por: Rafael Romero

La renuncia del congresista Humberto Lay a la Comisión de Ética del Congreso no solo estaba cantada por él mismo, sino que ya había demorado en ser presentada. No podía pasar más tiempo dada la cercanía de la campaña electoral del 2016 y sobre todo a su autolanzamiento a la presidencia de la República que este pastor evangélico había hecho. ¿Qué análisis podemos hacer de esta noticia?

En primer lugar, que su actuación corresponde a la de un “típico político”, ese que adquiere rápidamente las mañas de la política tradicional. Es decir, ya no estamos ante aquel pastor que llegaba en un principio a candidatear a la presidencia con el aura de un sorpresivo outsider, a pesar que en un momento los medios presentaron a Lay como un segundo Fujimori, arrollador, carismático y ganador. Pero en realidad nada de eso era él, no daba fuego para ello. Y obviamente en el camino esta verdad quedó demostrada.

En segundo término, una evaluación objetiva del desempeño de Lay al frente de la Comisión de Ética solo arrojará medianía; y cuando él señala a los cuatro vientos que durante su presidencia se sancionó a varios congresistas, debería saber que esos eran casos tan escandalosos que ante la evidencia de las faltas era imposible “salvarlos”. Pero la gran pregunta para el señor Lay es: ¿Qué ha habido en realidad en el seno de la comisión de Ética? ¿Cuántas denuncias no han sido tramitadas cuando se trataba de alguno de los miembros de dicha comisión? ¿No ha habido algún tipo de “tapadita” con algún “coleguita”?

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Periodista: Rafael Romero

En tercer lugar, preguntamos: ¿Humberto Lay le ha hecho daño a la relación iglesia y política? Al parecer, sí. Basta conversar con algunos evangélicos o revisar las redes sociales para encontrar un sentimiento de decepción entre ellos. Hace diez años por lo menos esta relación era más respetable, pero ahora la gente mira con reticencia este tipo de participaciones, y frente a esto −señalan− hay que “agradecerle” a Lay porque de alguna forma con su actuación habría desacreditado la relación iglesia-política, recordándose por ejemplo sus problemas con otros pastores de su congregación, los enfrentamientos en su propio partido y las indefiniciones en la Comisión de Ética.

Por último, no somos quién para preguntar esto, pero resulta oportuno hacerlo porque el país, católico o no, es cristiano. Congresista y pastor Lay, ¿cómo está su relación con Dios? Por si acaso, la nación no solo necesita políticos sino “buenos políticos” y tarde o temprano Dios revela el corazón de las personas.

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Director y Periodistas de la Agencia Noticias PERUENLINEA y Radio y Tv EMARTEL

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