Región Lima: ¿Javier Alvarado presidente de la república 2016?

Javier Alvarado

Por: Ivan Arenas

Amigo lector, hay quienes han creído que la buena y luminosa estrella política que acompaña a Javier Alvarado puede brillar tanto como para tentar la presidencia nacional. Al parecer siempre pueden más los deseos que las realidades. Ya Javier Alvarado viene de una racha sorprendente y eso hace más auspicioso los buenos deseos. Si en la política existen coincidencias, Javier Alvarado es uno de ellos. En las últimas elecciones regionales, por poner solo un ejemplo, la alineación de las estrellas del firmamento político lo llevaron a ser el oponente de un Nelson Chui debilitado y falto de liderazgo. Pasó a segunda vuelta con algo de 12% mientras que a Chui le faltaron solo un 6% para ganarla en primera. El resultado: Javier Alvarado ganó abrumadoramente las elecciones.

¿Pero son estos “buenos deseos” solamente eso o están sujetos a una lectura real del escenario político regional? ¿Tiene Javier Alvarado oportunidad de ganar las elecciones el 2016 y convertirse en nuestro presidente de la república o su fuerza recae, como creo, en una serie de “coincidencias” mañosas de la historia o en todo caso de una buena racha, producto de su propia “estrella de Belem”?

Sugiero que hay cuatro puntos ligados uno con el otro. Sin embargo este es un análisis que no pretende ser más que eso: un análisis de las oportunidades de Alvarado para convertirse en el sucesor de Humala. Es decir; estos puntos sirven para otear el escenario regional y no conformarse de escolta en la plancha presidencial de Nadine Heredia, como otros han voceado alegremente que sería el destino del presidente regional.

El primer punto: “estrategia nacional”. Hasta donde se conoce Javier Alvarado no tiene una estrategia compartida con sus principales asesores, amigos o aliados. Esta estrategia equivale a un conjunto de lineamientos que vayan de lo “local – regional a lo nacional”. El posicionamiento político de Alvarado gana contundencia si logra, en el universo de presidentes regionales que existen en el país, elevarse como un exitoso estadista local – regional con serias aspiraciones. Señor lector, usted no puede tomar en serio que la estrategia de lo local a lo nacional se reduce a un slogan de “Triunfa la Región, triunfa el Perú”. Disculpen analistas pero si ven allí un planteamiento serio entonces lo buenos deseos son solo eso: deseos.

El segundo punto: “movimiento regional con aires nacionales”. La construcción de un partido es ya tarea difícil. La organización y mantenimiento de este partido sugiere además esfuerzos compartidos entre cuadros y operadores políticos. Alvarado intenta crear un partido “Triunfa Perú” pero carece el soporte -cuadros y operadores políticos- que le permitan un despliegue regional pero además de ello nacional. Súmele a esto la carencia de un propósito ideológico o programático. Triunfa Perú es Alvarado, como Alvarado es el caudillo hecho de grandes casualidades. Si Alvarado quiere navegar en profundos y difíciles mares como es la política nacional la imagen de estadista y líder no basta. Un partido o movimiento fortalecido garantiza capacidad de negociación con otros líderes regionales o nacionales. Hasta ahora “Triunfa Perú” aparece solo en las galletas y jugos que espontáneamente regala en alguna presentación a niños y mujeres, refrendando la estrechez que tienen algunos por la palabra “política”.

La tercera razón: “cuadros y operadores políticos”. En el Perú de hoy, en ausencia de partidos nacionales, son los operadores políticos los que te dan acceso “a las masas”. Los operadores políticos no tienen preferencias ideológicas ni programáticas, sino pragmáticas. Un operador político tiene capacidad de movilización y traduce los objetivos “macro” en aplausos “micro”. ¿Ha sabido Alvarado aglutinar operadores políticos en las nueve provincias? ¿O en todo caso cuáles son los incentivos (en base a la teoría de acción racional) que le da Alvarado a este operador político? No hay “toma y daca”. Ha hecho más el consejero Palomino (sabe el negocio) recorriendo la sierra huaurina que Alvarado. Punto aparte es el tema de cuadros políticos. Fernandez Estrella o Liliana Torres no son cuadros políticos destacables ni con vida propia fuera de los brazos de Alvarado. Considerando que lo sean tampoco han demostrado virtudes políticas.

La cuarta razón: “programas o proyectos sociales”. El liderazgo como la política se construye. A menudo el político necesita de una base social en casi siempre repetidos sectores: educación y salud. ¿Cómo se hace eso? A través de una serie de programas o proyectos sociales que sean, antes que eficientes, efectistas. No es lo mismo, ojo. Revisando los programas sociales como Médico de familia, Escuelas Deportiva o Joven Empresario existe la sensación que, o están muy mal gestionados o la deficiencia recae en la falta de “operadores políticos” para que los objetivos se traduzcan en una base social cautiva. Mención aparte es el proyecto de entrega de laptops a esa interesante masa social que son los profesores. Pero el problema allí radica que es el Sutep, o Patria Roja, quien tiene el control de los operadores políticos y priman sus intereses antes que los de Alvarado.

En base a estos cuatro puntos Javier Alvarado tendría un camino serio y difícil, pero no imposible, si pretende ser el presidente del Perú en el 2016. Como la política sí tiene coincidencia y Alvarado es una grata acreditación que las casualidades existen, se desliza que es mejor mirar estos puntos con atención. ¿Quién sabe si su buena estrella dura para siempre?









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